Mensajes de texto (SMS)

Transmisor de datos, transmisor de emociones

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Antes de la explosión de los smartphones y las apps de mensajería instantánea, los mensajes de texto (SMS) eran nuestra manera rápida de comunicarnos con nuestros amigos. Un mensaje corto y sencillo para esa otra persona a quien teníamos algo que decirle sin tener que «gastar» en una llamada telefónica. Es en esa época en la que andaba yo correteando a una amiga de la universidad de la que había quedado prendidamente enamorado. Y qué mejor que un SMS para evitar el roche de llamarla por teléfono y evitar el riesgo de que se me trabara la lengua intentando hablarle…

Pero como suele pasar en cada pareja que recién comienza a salir y conocerse, a veces hay dudas o inseguridades respecto a si estamos con la persona correcta o si la relación, en caso se establezca de forma oficial, vaya a durar. Y estas dudas a veces nos trajeron más de un problema.

Fue uno de esos momentos de dudas el causante de una breve separación entre nosotros. Busqué apoyo y consejo en una amiga en común que teníamos y, tras conversar largo rato una noche, me aconsejó que busque hablar con ella y le hable de mis sentimientos.

— ¿Y ya le has dicho que la amas?

— Se lo he dicho, sí.

— OK, entonces en lo que le digas ahora vuelve a decirle que la amas, claramente. Así ella dejará esa inseguridad de lado…

Saqué entonces mi celular y comencé a teclear.

— ¿Qué haces?

— Le voy a escribir.

— ¡No! Háblale directo. Búscala o llámala, no le escribas.

— Pues no veo la diferencia…

— No, pues… Un mensaje de texto solo transmite datos, no emociones.

Y aun cuando mi adorada universitaria había sido de las pocas que había logrado que yo hablara de mis sentimientos abiertamente cuando estaba con ella, esa última frase de mi amiga me sonó a revelación. Y tenía todo el sentido del mundo (aunque cuando tienes las hormonas revueltas uno no siempre ve algo tan evidente). Un SMS puede transmitir el mensaje correcto a los ojos de ella, pero no transmite la emoción del sentimiento que subyace tras esa frase, el tono de voz, la cadencia al pronunciar cada palabra… Son todos esos detalles «no verbales», más que la fría secuencia de caracteres ASCII en una pantalla monócroma de celular, los que llegan más al corazón.

Pero el amor no es el único sentimiento que puede quedar bloqueado por un mensaje escrito. Hoy vivimos en un mundo cada vez más apurado. Y este apuro en nuestra vida se refleja también en nuestra comunicación escrita. Usamos más emoticonos, más abreviaturas y menos signos de puntuación en los chats y en la mensajería instantánea. Y seguramente a más de uno le ha pasado que una palabra mal entendida o fuera de contexto en un mensaje escrito puede llevar a que nuestro interlocutor o interlocutora le dé a nuestro mensaje una connotación emocional que no tiene. ¿Nunca les ha pasado, por ejemplo, que la persona a quien le escribimos nos reclama por escribirles de forma enojada o reclamona aun cuando no sea esa nuestra intención? Porque a mí sí, y más de una vez… Y fue a raíz de la última vez que ocurrió algo como esto, que recordé aquel amor de universidad y el consejo de mi amiga.

Espero no olvidarlo de aquí en adelante, por si un incidente así vuelve a ocurrir.

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