Keiko Fujimori y Pedro Castillo después del debate presidencial en Chota (Cajamarca)

Gane quien gane…

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Nuevo día de elecciones, nueva segunda vuelta, nueva polarización y nueva incertidumbre sobre por quién votar. Y esta vez no iba a decir nada, porque esta vez tengo incluso menos ganas que en las elecciones pasadas de hablar sobre este tema, dado que ninguna de las opciones que han pasado a esta segunda vuelta representan (para mí) una opción que merezca el cargo más alto que pueda ocupar peruano alguno en nuestro país. Pero algo diré, al menos para desahogarme y quitarme la preocupación de que la única opción es elegir a uno (y solo uno) de estos dos.

Días atrás hice una publicación en redes sociales: Una referencia al eslogan de la película Alien vs. Depredador: «Gane quien gane, nosotros perdemos» [Whoever wins… we loss]. Y a riesgo de parecer muy pesimista, es justamente eso lo que veo en ambos candidatos. Ninguna de las dos opciones me convence lo suficiente para decir firmemente que votaré por ella por convicción y no solo porque «es lo que hay».

Por un lado, a Keiko Fujimori ya la conocemos. Haciendo a un lado toda comparación con su padre (a quien tambien ya conocemos), esta será su tercer intento por ocupar la presidencia del Perú. Pero si miramos hacia atrás, no hace falta mucha imaginación para ver lo que ella sería capaz de hacer en el caso de llegar al poder, pues el poder ya lo tuvo ella y su partido Fuerza Popular. No en la presidencia, pero sí en el pasado congreso. ¿Y qué hizo en el pasado congreso? Obstruir, atacar, ponerle zancadillas al presidente de turno, jalar agua para su molino con el objetivo de hacer quedar lo suficientemente mal al Ejecutivo para traerlo abajo (dos presidentes fueron vacados en este período incluyendo al que le ganó directamente a Keiko en las elecciones pasadas sin siquiera considerar que era muy mala idea vacar a un presidente, por muy culpable que sea, precisamente en medio de una crisis sanitaria tan grave como la que aún vivimos hasta hoy) y egirirse ellos como nuestros «salvadores», a grado tal que ni siquiera la pandemia les ha impedido, por ejemplo, hacer campañas para minimizar la compra de las vacunas contra la COVID-19 y desprestigiar el proceso de vacunación. Y todo eso lo hizo alguien que perdió las elecciones pasadas, alguien que no necesitó el poder y las facultades que tiene un presidente del Perú para hacer y deshacer lo que le vino en gana desde el Congreso. ¿Cómo hubiera sido si ella hubiese ganado las elecciones y teniendo encima con un Congreso mayoritario? ¿Habría estado a la altura del cargo?

Pero si por un lado Keiko me parecía una opción inviable (que no imposible) para pasar a la segunda vuelte, Pedro Castillo me parece uno de los menos indicados para también haber pasado. Ya lo dije cuando comenté los pasados debates presidenciales, de Castillo no pude rescatar prácticamente nada como para reseñar y decir por qué consideraría votar por él. Y visto lo visto en las últimas fechas, la impresión que me deja, al margen de su tendencia de izquierda, es su torpeza para manejar ciertos temas que le pueden hacer perder puntos de cara a los votantes, como su terca negativa a presentar a su equipo técnico (al cual finalmente presentó de cara al debate precisamente entre equipos técnicos, dando de paso una imagen de improvisaión o de un equipo de trabajo armado «sobre la marcha») o a debatir con su oponente, o su predisposición a rehuír de preguntas que puedan sonar controversiales ante la opinión pública, como su posición respecto a la educación sexual o al enfoque de género en los colegios (aunque ya es sabido que él particularmente se opone a todo lo que signifique la comunidad LGBTI, al igual que la otra candidata que insiste con la cantaleta de la «ideología de género» en busca del voto conservador). Pero lo que más anticuerpos ue genera respecto a Pedro Castillo no es él, sino su entorno y su partido, y si bien Castillo ha desautorizado a Vladimir Cerrón como vocero para su campaña, él sigue siendo el fundador de Perú Libre, partido por el que Castillo está postulando.

Y todo esto lo digo porque es lo que he observado hasta hoy (y es por eso que me he tardado tanto en escribir sobre este tema). No es porque me lo dijo alguien, o porque lo leí en una cadena de WhatsApp, o porque lo vi en las noticias o porque las encuestas den a uno a la otra como ganador. Uno debe formarse su propia opinión y no dejarse llevar por rumores, miedos o lo que le digan otros.

El factor miedo

«El miedo al Lado Oscuro te lleva», dijo un gran sabio alguna vez

Y no solo de la prensa. Cierto sector «pudiente» de nuestro país parece haber hecho causa común y hacer una suerte de contracampaña para tumbarse a uno de los candidatos (tampoco creo que haga falta para decir de quién se trata). Digo, dudo que sea barato poner paneles luminosos en plena Vía Expresa advirtiéndonos de lo «peligrosa» que es la propuesta del otro candidato, así que es válido asumir que quienes impulsan esta campaña son gente de un poder económico alto. ¿Qué buscan? ¿Sembrar el miedo en la gente? A mí me parece curioso de que cuando se refieran al modelo que plantea uno de los candidatos digan qe «el modelo es peligroso» o que «el modelo ya ha fracasado en otros lugares», pero cuando hablan de la otra candidata digan «no, es que el problema no es el modelo sino las personas que aplicaron mal ese modelo».

Para mí es una de las tantas muestras del trato desigual que han tenido ambos candidatos de cara a la opinión pública, algo que podría pasarse por alto viniendo de un ciudadano promedio, pero que se vuelve un pecado cuando viene de quien se supone debe ser objetivo con todos: No es ningún secreto que sector de la prensa peruana claramente parcializado a favor de uno de los candidatos (no diré cuál de lo dos, confío que seamos lo suficientemente inteligentes para darnos cuenta). Este comportamiento no es de ahora, sino recordemos a los infames «diarios chicha» que ametrallaba a los oponentes de su candidato favorito al punto de burlarse hasta de su apariencia (llamar por ejemplo «chancho» a uno de ellos creo que va más allá de toda opinión discordante»). Hoy en día veo muy poca televisión, así que no puedo hablar de casos concretos, pero lo poco que he visto me es suficiente para haber visto que dicha predilección existe.

Lo peor es que, en una época donde la información se comparte y propaga con demasiada rapidez, este tipo de campañas (al margen de si son justificadas o no) se esparcen rápidamente entre la población y muchos deciden incluso compartirla sin detenerse a verificar qué tan cierto o falso puede ser ese mensajes que difunden. Y muchos de nosotros acabamos confiando en el mensajes «porque me lo mandó un familiar» o «porque una fuente confiable lo filtró» o «porque lo dicen tal persona de renombre».

Escoge tu veneno

Volviendo al tema de Keiko y Castillo, lo que más me apena es que estas dos (malas) opciones son todo lo que tenemos. Lo que pudo sonar a buena idea en la primera vuelta (no votar por ninguno de ellos para forzar nuevas elecciones) no tendrá ningún efecto en la segunda. No importa cuántos decidan viciar su voto o no ir a votar, uno de ellos será el ganador sí o sí. No hay más.

Entonces, ¿cómo elegir entre el cáncer y el SIDA? El único criterio que se me ocurre es elegir a la opción más fácil de controlar en caso que quiera descarrilarse y hacer lo que no debe. Los peruanos ya hemos demostrado que podemos reclamar y hacer sentir nuestra voz de protesta para desbancar a alguien que abusa de su poder:

Aquí voy a repetir lo que dije después de los debates: Estamos eligiendo a un presidente para todos los peruanos, y esto implica que no solo gobierne y trabaje para todos los peruanos, y no solo para mí o para mi entorno cercano (por muy loable que sea el que uno piense nuestra familia o nuestra comunidad). Porque si algo nos enseño el resultado de la primera vuelta es que allá afuera, y más concretamente fuera de Lima, hay peruanos que ya están hartos de ser siempre plato de segunda mesa para todos los últimos gobernantes que han llegado y se han ido, y que muchas veces criticamos desde nuestras cómodas posiciones por elegir propuestas «radicales» que busquen o prometan cambiar su situación. ¿Podemos culparles? ¿Podemos culparles por habernos dejado dos de las peores opciones (para mí) para elegir a nuestro próximo presidente?

Y ya que estamos en esas, ¿podemos decir que nosotros «votamos mejor»? ¿Que elegimos a nuestros candidatos de manera responsable y segura? Hagamos un ejercicio simple, de cara a las elecciones de hoy:

  • Si tuviéramos que recurrir nuevamente al reclamo popular y a «tomar las calles» (en el buen sentido de la palabra), ¿la tendríamos más fácil con Castillo o con Keiko?
  • Como ya sabemos la conformación que tendrá el nuevo Congreso de la República, ¿con cuál presidente podrían ellos hacer una labor «menos peor» y fiscalizarlo como se deba, con Castillo o con Keiko?
  • Cuando pensamos en un presidente «del Perú» (y no solo de Lima), ¿pensamos solo en nuestro entorno más cercano o en todos los peruanos incluyendo a aquellos que para el propio Estado son invisibles, de segunda categoría o «que pueden esperar»?
  • ¿Somos concientes de que un presidente debe ver va más allá del tema meramente económico y que hay otros aspectos a considerar para elegir o no al próximo mandatario (el tema social o de derechos, por ejemplo)?
  • ¿Votarás «por tu candidato» o «contra el candidato rival»?
  • ¿Que haría el candidato ganador respecto a sus opositores políticos?
  • Si el candidato que elijas o el que te simpatice perdiera estas elecciones, ¿qué crees que haría? ¿Apoyaría al gobierno? ¿Se opondría a él? ¿Asumiría un correcto rol crítico y fiscalizador? ¿Lo emboscaría, le pondría trampas para hacerlo caer? ¿Tendría un «satélite» en algún otro poder del Estado (por ejemplo en el Congreso o el Poder Judicial) para hacer el punto anterior y salir él «limpio de toda culpa»? ¿Se escondería entre las sombras para reaparecer en la siguiente elección?

No sé si responder estas preguntas ayude a algún indeciso a elegir finalmente a uno de los candidatos. Tengo al esperanza de que sí, pero quizá sea mucho pedir. O quizá sea solo la pesadez y desilusión de que elegiré forzosamente a uno de ellos sin estar convencido de todo.

Palabras finales

Porque de algo hay que reírnos 😬

No quiero extenderme más de la cuenta porque el ánimo no me da. Lo único que tengo claro es por cuál de ellos no votar. Y lo diré hoy abiertamente: No votaré por Keiko Fujimori. Y no porque Pedro Castillo me parezca la mejor opción (que no lo es, no voté por él en la primera vuelta). Tampoco es «porque sea mujer» (faltaba más, pero lo menciono por si alguien se le ocurre reclamar por ello). No tengo problemas porque algún día nos represente una mujer, pero no quiero que me represente esa mujer. Porque ya vi, al igual que muchos de nosotros, de lo que ella es capaz cuando tiene el poder. Ahora nos pide otra oportunidad, pero recordemos que la oportunidad ya la tuvo, ella y los 73 congresistas que alguna vez tuvo Fuerza Popular en el Congreso. Y las consecuencias de ello ya las hemos vivido todos.

Y tampoco quiero decir que «votaré por Pedro Castillo» porque, aun si marcara hoy su símbolo en la cédula de votación, debo confesar que realmente no estoy votando por él porque, de nuevo, ni él ni su propuesta me han convencido de que él es una buena opción (ya ni digamos la mejor). Es simplemente responderme a mí mismo las preguntas del párrafo anterior.

No es la mejor manera de elegir un presidente, hay que reconocerlo, pero en vista de las opciones es todo lo que tenemos. No hay más opciones, y no hay más tiempo. Uno de ellos será, para bien o para mal, nuestro próximo presidente o presidenta. Si el candidato que yo elija sale elegido, quizá tyo no pierda nada, pero habrá otros peruanos que sí, y llega un momento en que uno debe dejar de mirarse el ombligo y ver no solo nuestro beneficio sino el de toda nuestra sociedad, que por algo peruanos somos todos, y estamos eligiendo a un presidente que trabaje para todos los peruanos, y no solo para un grupo seleccionado o para el grupo al que cada uno de nosotros pertenece.

Y espero equivocarme con lo de «gane quien gane…», pero visto lo visto hasta hoy, solo diré que la esperanza es lo último que se pierde.

Así que… Votemos bien, con responsabilidad, con cabeza fría, con la razón y no con el corazón, y sobre todo, sin pensar en «lo que se dice por ahí» o en a quién dan por ganador las encuestas. Dejemos de discutir y pelear entre nosotros, que no vale perder amistades por estos dos impresentables. Y votemos, si cabe, miedo a lo que nos espera después del 28 de julio, por muy poco esperanzador que parezca el panorama de cara al Bicentenario de nuestra República.

Foto de portada: Diario AS Perú

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