¿Por qué tanta crítica a la trilogía de Cincuenta sombras?
- Fecha:
- Autor: Danilo
- Cine y TV
- Comentarios: No hay comentarios
Advertencia: Si eres menor de 18 años, o si no quieres leer spoilers sobre los libros o la película, mejor sal de aquí mientras puedas. El resto es bienvenido 😉
Hoy se estrena en tu cine favorito Cincuenta sombras de Grey, película basada en el primer libro de la trilogía escrita por E. L. James. Al ser esta una novela erótica, no podía estar libre de comentarios y polémicas respecto a su contenido, a la calidad narrativa, al tipo de relación entre sus protagonistas y, de pasadita, a su adaptación cinematográfica. Hay de todo, desde personas (sobre todo del sexo femenino) que adoran la trilogía y que esperan encontrar algún día a su Christian Grey soñado, pasando por otras que piden a su galán «pero sin ‘cuarto del dolor’ incluído». Y claro, también personas que despotrican por todos lados, no solo contra los libros, contra su autora o contra la película, sino contra todo aquel que tenga un comentario favorable al respecto (sean fanáticos, medios de comunicación, community managers o lo que fuese). Y gracias al anonimato en Internet, este último grupo se ha hecho presente en cuanta publicación referente al estreno de esta semana aparezca, utilizando adjetivos descalificadores de todo tipo. ¿Se justifica toda esta avalancha de ataques?
Bueno, solo hay una forma de saberlo…
Una regla básica dice que si vas a hablar de algo, primero debes conocerlo. Por eso me sorprende haber leído reseñas de gente que confiesa muy suelta de huesos que no han leído la trilogía completa. Por eso, si vamos a hablar de la historia de Christian y Anastasia, lo mejor es comenzar leyendo la trilogía completa (y no conformarnos con leer un resumen de Wikipedia) para saber de qué va la historia.
A leer se ha dicho
La semana pasada completé la lectura del tercer libro, y a grandes rasgos, se trata de la historia de dos personas diametralmente opuestas que se conocen fortuitamente pero que acaban enamorándose. Por un lado tenemos a Christian Grey, un príncipe azul casi perfecto: joven, apuesto, atlético, de carácter firme, poderoso (en todo el sentido de la palabra) y asquerosamente millonario, pero con un pasado oscuro y tormentoso que condiciona su actual forma de ser. Y por el otro tenemos a Anastasia (Ana) Steele, una chica bonita, timidona, de clase media, inexperta sexualmente, pero que tiene un «no se qué» que pondrá de cabeza al hasta entonces imperturbable Sr. Grey. Y como nada es fácil en la vida, este par de tórtolos tendrá que hacer frente a familiares, amores platónicos, jefes acosadores, a las «ex» del galán y a las propias dudas de cada uno sobre a dónde los lleva su relación.
Hasta aquí podría ser la típica novela romántica y melosa que parece sacada de una telenovela. Pero hay dos detalle: Primero, que Christian Grey no es un amante «convencional»: A él le gusta el sexo duro, la dominación, el bondage y otras prácticas afines (lo que en conjunto conocemos como BDSM). Él no ve a Anastasia como su futura esposa, sino como una nueva sumisa. Y segundo, que Ana no solo termina enamorándose de él, sino que de paso busca librar a su amado de los fantasmas que lo atormentan y tener una vida feliz juntos (aunque sin dejar de lado sus juegos sexuales). Y claro, como toda historia erótica que se respeta, no podían faltar las escenas de sexo y dominación que tan detalladamente nos describe Anastasia a lo largo de la historia.
Erotismo y pornografía
Dicho esto, vayamos a lo que opina y dice la gente. Uno de los comentarios más recurrentes y que se ha puesto de moda en las últimas semanas es calificar a Cincuenta sombras de Grey como «eso es porno para señoras», «llegó el admin jeropa» y cosas así. Y creo que es un error. El género que más le acomoda es el de novela erótica, y del erotismo a la pornografía hay más de una diferencia.
Claro, no es nada nuevo confundir una con otra. Por ejemplo, recuerdo cuando los reporteros de Magaly Teve le echaban en cara a Andrea Montenegro su participación en «aquella novelita porno llamada Latin lover«, cuando lo cierto es que esta producción de Playboy cae dentro del formato de serie erótica.
¿Y no son lo mismo? Pues no. Más allá de gustos personales, no basta con que aparezca en escena una pareja teniendo relaciones sexuales o que aborde la temática del sexo para que una obra sea calificada de pornográfica. Hay formas de llevar estos temas a la pantalla o a las páginas de un libro. En la pornografía todo es explícito, y todo lo que se ve en pantalla es lo que el camarógrafo ha tenido al frente al grabar la escena: Penes, vaginas, penetraciones, eyaculaciones, intercambio de fluídos, instrumentos sexuales, gritos y gemidos (o bueno, en estos últimos a veces se exagera xD), y el «argumento» (si es que existe) sirve tarde o temprano como excusa para que los personajes se «enreden» unos con otros, siendo el sexo el verdadero «centro» de la historia. En lo erótico, por el contrario, el tema sexual puede abordarse con algo más de sutileza (a veces, dejar algo a la imaginación da mejores resultados 😉 ), y si se requiere mostrar a dos personas teniendo relaciones o en alguna situación sexual explícita es porque el argumento así lo requiere (y por eso hasta una película tan sexualmente explícita como Nymphomaniac tampoco llega a ser pornográfica): En una obra erótica, el tema de la obra condiciona el tema sexual, y no al revés.
Pero entonces los libros, ¿son buenos o malos?
Si la trilogía de Cincuenta sombras me parece buena o mala, ya entra en lo que son los gustos de cada quién. El primer libro tiene una buena carga sexual con toques de BDSM, pero esa carga va disminuyendo a medida que la historia avanza en los siguientes libros para centrarse en el lado romántico de la historia. La historia en general (los 3 libros) resultan ser, como leí por ahí, «Corín Tellado con azotes», algo que no me terminó de gustar, pues las historias de romance no son lo mío.
Pero que algo no me guste no significa que sea malo. A otras personas sí les puede gustar (y debe ser por eso que los libros han tenido tanto éxito). Así que si tienes una mente abierta y te gustan las historias románticas con una cuota de erotismo y algo de sexo duro, te puede gustar. Si buscas una historia de sexo duro que no llegue a ser «de mal gusto», puede que te quede la sensación de que algo falta.
Por otro lado, si buscas una referencia de cómo puede ser el BDSM en la vida real, pues esta no es la mejor referencia. La historia, aunque erótica, no deja de ser principalmente romántica, y por eso nos presenta personajes «idealizados». El mejor ejemplo es el personaje de Christian Grey, el hombre por el que todas las chicas suspiran, el mejor partido que puede existir, todo un semental y un experto en hacer gritar de placer a las mujeres… ¿Somos todos los dominantes así tan perfectos como Christian Grey? Pues claro que no. Pero ojo, que Cincuenta sombras tampoco pretende ser una guía introductoria al BDSM o una referencia a la realidad. Es una historia de ficción, y como tal debe ser leída y disfrutada. El problema viene cuando algunas personas asumen que la realidad es como la pintan los libros, y eso puede causar desde malentendidos a problemas mayores.
¿Y la película?
De la película no puedo opinar porque aún no la he visto. ¿La veré? Pues no sé. Habiendo leído ya los libros y conociendo ya la historia, si la veo sería más por curiosidad, para ver qué tan bien (o mal) han llevado la historia a la pantalla grande, para ver si los personajes en pantalla se ven como los imaginé al leer los libros y cosas así. No es una película que me llame para ver a en el cine, pero si alguien por ahí me dice para ir a verla, pues la vería normal.
https://www.youtube.com/watch?v=ksMh014Jaf8
«¿Pero cómo te puede gustar esto?»
En un mundo de apariencias como el nuestro, donde la «primera impresión» y el «qué dirá la gente» a veces cuentan más de lo que debería, es fácil caer en el error de encasillar a la gente. Si te gusta la literatura o el cine erótico, alguien tarde o temprano dirá que o eres un pervertido sexual, o eres una solterona virgen, o que eres una «aguantada», o no tienes buen gusto literario, o algún otro estereotipo. Uno no es ni más ni menos porque le guste Cincuenta sombras, o Crepúsculo, o One Direction o cualquier otra cosa. Igual que pasó con A los 40 (que no es buen cine, que todo por el marketing, que no sé qué, que no se cuánto…). Chicos, hay gustos para todos, y mientras no se haga daño a nadie, todos los gustos se respetan.
Ahora, saliéndonos del tema de los gustos, hay quienes también hablan del papel de Anastasia como una mujer a la que su pareja impone sus gustos y su voluntad, y lo dañina que puede ser una relación así. Tengo mi propia opinión al respecto, pero ponerme a hablar de ello da para un artículo aparte, así que por ahora no profundizaré más en este tema.
Así que ya lo sabes: Si no te gusta Cincuenta sombras, bien por ti, pero al menos no andes criticando a quienes sí les gusta. Se puede criticar la historia, la narrativa, el estilo literario, las actuaciones en la película, la química entre los protagonistas, pero no los gustos individuales. Y esconderse tras una cuenta en redes sociales no te da derecho a atacar gratuitamente a quienes tienen gustos diferentes a los tuyos.
