Escaparate del Corte Inglés (años 50)

El comercio le ganó al Día de la Madre

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Aunque las primeras celebraciones por el Día de la Madre se remontan a Grecia, Roma o el cristianismo del siglo XVII, el que hoy en día celebremos el Día de la Madre cada segundo domingo de mayo se lo debemos a Anna Jarvis, quien buscó la oficialización de esta conmemoración inspirada por la obra de su propia madre.

Anna Jarvis creó la celebración del Día de la Madre como conmemoración a la obra de la activista Ann Reeves Jarvis, la madre de Anna. En 1850, ella organizó clubes de trabajo para el Día de la Madre en Virginia (Estados Unidos). Además, durante la guerra de secesión (entre 1861 y 1865), Ann Jarvis organizó grupos de mujeres para atender a los soldados heridos de ambos bandos. Al terminar la guerra, Jarvis promovió un día para conmemorar el trabajo de las féminas, particularmente de las madres trabajadoras, quienes no solo debían desempeñar su trabajo sino también cuidar a su familia.

Cuando Ann Reeves Jarvis murió, en 1905, su hija Anna Jarvis pensó en una forma de celebrar los logros de su madre y de las mujeres trabajadoras como ella. Ella comenzó organizando el día de la Madre cada segundo domingo de mayo, y después, en 1907, comenzó una campaña enviando cartas a diversas personalidades influyentes de la época para que la apoyaran en establecer el Día de la Madre de forma oficial. Su campaña tuvo éxito: El 10 de mayo de 1908 se celebró el primer Día de la Madre de forma oficial, y el reconocimiento oficial de esta festividad llegó durante el gobierno del presidente Woordow Wilson, en 1914 designando el segundo domingo de mayo como fecha oficial.

De promotora a opositora

Y aquí el comercio vio su «gran oportunidad». Y lo que inicialmente fue pensado como una celebración íntima o un tiempo entre madres e hijos, fue vista por los comerciantes como una buena oportunidad de ventas. Así, los arreglos florales, tarjetas de felicitación, cajas de chocolates y demás regalos comenzaron a inundar las tiendas. Anna Jarvis lamentó cómo su idea fue deformada por esta ola comercial, y luchó por alejarla de la celebración por la que luchó.

Anna Jarvis emprendió una nueva campaña a través de cartas buscando tener algo de control sobre el Día de la Madre. Participó en boicots contra los vendedores de flores, intentos de juicio, e incluso buscó construir una demanda contra las industrias florales. Sus esfuerzos, sin embargo, trajeron consecuencias para ella. La hostilidad que mostraba en sus medidas opositoras hicieron que perdiese el apoyo de quienes inicialmente la habían acompañado, y acabó perdiendo casi toda su fortuna. Irónicamente, mientras los comerciantes ganaron mucho dinero con las ventas por el Día de la Madre, Anna Jarvis vivió sus últimos días en la pobreza y sin ganar un centavo por aquellas ventas. Anna Jarvis murió el 24 de noviembre de 1948 y fue enterrada junto a su madre. En un reportaje que le hicieron antes de su muerte, Anna mencionó su arrepentimiento por haber impulsado el Día de la Madre.

¿Y cómo andamos hoy?

A medida que nuestra sociedad se vuelve cada vez más consumista, esta tendencia de comercializar las festividades no solo no es nueva, sino que no ha hecho más que aumentar con el tiempo y extendiéndose a más festividades (Navidad y el Día de los Enamorados son dos claros ejemplos). Pero no es que sea malo que los negocios quieran aprovechar la oportunidad de incrementar sus ventas, o que quieras hacerle un regalo a alguien que amas o estimas. Lo malo es cuando nosotros mismos reducimos una celebración, conmemoración u homenaje a un gesto meramente material o una exhibición de poder adquisitivo. ¿Quieres más a tu mamá o a tu novia porque le compras un regalo? ¿Eres un mejor padre porque le compras un regalo más caro a tus hijos? ¿Eres un mal hijo porque no te alcanza para llevar a tu mamá de viaje o a cenar?

Dejando de lado por ahora ideas como «no pero el Día de la Madre debería ser todos los días» (que es perfectamente válida pero que aquí no viene al caso), la próxima vez que nos veamos tentados a ceder ante el impulso comercial, recordemos la historia de Anna Jarvis y el propósito original de su Día de la Madre, como un momento en que los hijos puedan ver a sus madres y pasar tiempo con ellas (o recordarlas si ellas están ausentes) en gratitud a todo lo que ellas hicieron por nosotros. Y esto, claro, lo podemos extender a cualquier festividad, porque el amor, el cariño, la compañía y el tiempo son más valiosos que cualquier regalo material.

Foto de portada: Un escaparate del Corte Inglés en los años 50.

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