Hijos de fruta (Plaza Vea óvalo Higuereta)

Un buen gesto de unos hijos de fruta

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Lima es un horno en esta época del año. Por eso, últimamente cuando busco un lugar para almorzar en la calle, muchas veces prefiero tomar algo líquido en vez de comida sólida. Y nada mejor que un jugo de frutas fresco y sustancioso para calmar el calor y la sed mientras nos alimentamos sanamente.

Hace tiempo había oído hablar de Hijos de Fruta, una cadena de juguerías conocida por sus curiosas combinaciones de frutas para elaborar sus jugos naturales. Hay un pequeño módulo de Hijos de Fruta (no es un local completo, aunque ni falta que hace) en el Plaza Vea del óvalo Higuereta, a donde llego regularmente para tomar un buen vaso de jugo. Y no hace mucho que han puesto allí un POS para pagos con tarjeta de crédito o débito. Pero como la tecnología no es perfecta, este POS de cuando en cuando da algunos problemas. Hace un tiempo, por ejemplo, llegué justo cuando un técnico estaba revisando el POS diciéndome que estaría listo en 15 mimutos, pero como después de 15 minutos el POS seguía sin funcionar, me tuve que ir a comer a otro lado.

Esta semana volví una vez más al módulo de Hijos de Fruta, y tampoco pude pagar con mi tarjeta porque el sistema se trababa, y como además salí tarde a almorzar y ya tenía que regresar a trabajar, ya no me daba tiempo ni para ir a otro local que se hubiera demorado más en atenderme. Como a la larga es mejor anteponer la salud al trabajo (y eso incluye no saltarse el almuerzo), me tuve que resignar a no tomar mi vasote de jugo para buscar algún otro lugar donde almorzar pagando con mi tarjeta (me había quedado sin efectivo ese día).

Pero mientras buscaba por los alrededores a donde ir, escucho una voz femenina que me llamaba. Volteo y ubico a la dueña de la voz: Era Angelica, la chica que prepara los jugos, que me llamaba sonriente. Primero pensé que su sistema de pago con POS ya funcionaba, y que me llamaba porque ahora ya podían darme mi jugo pagando sin problemas con la tarjeta. Pero no. Ni bien llego al puesto, Angelica me dice: «Le voy a invitar un vaso de jugo, para que no se vaya así». Un ofrecimiento curioso que me tomó por sorpresa, pero que agradecí como corresponde.

«Aquí tiene, para usted que siempre viene por aquí», me dijo ella mientras me daba un vaso pequeño con jugo de naranja… Bueno, para mí un vaso de 12 onzas es pequeño, no sé para ustedes xD… Pero el tamaño del vaso no es el tema, sino el gesto que Angelica (y su compañero Gianluca) tuvieron hacia un cliente que, en su opinión, no había recibido el servicio que merecía. Son esos pequeños gestos los que pueden la diferencia cuando la atención a un cliente no es como el cliente lo espera. Una sonrisa, una disculpa sincera, una alternativa de solución, todo eso al final suma.

Estamos comenzando febrero, se viene luego marzo, y el calor seguramente seguirá subiendo. Y seguramente volveré por mi vasote de jugo de frutas. Y si alguien se da una vuelta por el Plaza Vea del óvalo Higuereta, busquen el puesto de Hijos de Fruta y pregunten por Angelica o Gianluca, que serán bien atendidos 🙂

Hijos de fruta (Plaza Vea óvalo Higuereta)

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