Galileo y la Unión Civil
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- Autor: Danilo
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Ayer hice varias publicaciones en mi perfil de Facebook y Twitter expresando mi desazón (y hasta cierto punto mi enojo) por la reciente no-aprobación del proyecto de Ley de Unión Civil no matrimonial propuesto por Carlos Bruce, así como por algunos de los «argumentos» que usaron los opositiores al proyecto de ley para rechazar la propuesta. Una de esas publicaciones fue esta caricatura de Andrés Edery que busca hacer un paralelo con lo ocurrido con Galileo Galilei hace más de 400 años. Y a juzgar por un comentario recibido, creo que sería bueno aclarar el tema (aclarando desde ya que cabe la posibilidad de que el dibujante tenga una explicación diferente).
A simple vista queda claro (supongo) que una teoría científica y un proyecto de Ley puedan tener poco o nada en común. Pero si vemos un poquito más allá, podremos encontrar que ambas historias sí tienen algo que las conecta.
El caso de Galileo
Remontémonos al siglo XVI. Por aquel entonces, en materia de astronomía, se creía que la Tierra era el centro del Universo y que todos los cuerpos conocidos por aquel entonces (el Sol, la Luna y algunos planetas) giraban alrededor de ella en órbitas circulares. Esta idea llevó a Claudio Ptolomeo a crear un modelo cosmológico completo del universo, lo que hoy conocemos como teoría geocéntrica. La iglesia Católica adoptó este modelo y declaró que «estaba de acuerdo con lo escrito en la Biblia», la cual era interpretada como si dijera que los planetas se movía alrededor de la Tierra. Galileo, sin embargo, creía en las ideas del polaco Nicolás Copérnico, que proponía que era el Sol quien estaba en el centro y que todos los demás cuerpos celestes, incluyendo la propia Tierra, giraban alrededor de él siguiendo órbitas circulares (el concepto de órbitas elípticas llegó después), lo que hoy conocemos como teoría heliocéntrica. Cuando encontró evidencia suficiente para apoyarla, escribió artículos discutiendo las ideas de Copérnico.
¿Qué hizo la iglesia ante esto? Optó por tomar medidas represivas, motivadas en parte por miedo a que este hecho debilita su lucha contra el protestantismo. Declaró al modelo heliocéntrico «falso» y «erróneo» y publicó un decreto al respecto en 1616 exigiendo a Galileo dejar de apoyar la teoría de Copérnico. Galileo, siendo católico, tuvo que obedecer.
Unos años después, Galileo intentó hacer que invaliden dicho decreto. No lo logró, pero obtuvo permiso para escribir un libro discutiendo los modelos geocéntrico y heliocéntrico, aunque con dos condiciones: Uno, que no tomara partido por ninguna de las dos. Y dos, que llegaría a la conclusión de que el hombre puese estudiar la ciencia solo hasta cierto y no más allá porque Dios, en su omnipotencia, podía hacer evolucionar en Universo en formas totalmente diferentes e inimaginadas por el hombre.
El libro fue terminado, publicado y saludado por todos los que lo leyeron como una obra maestra en astronomía. ¿Cuál fue el problema entonces? Que los que leían el libro encontraban en él argumentos sólidos a favor de la teoría de Copérnico. La Iglesia, arrepentida por su decisión, declaró que aunque el libro de Galileo contaba con la aprobación de los censores, incumplía el decreto de 1616, por lo que llevó a Galileo a juicio por herejía ante la Inquisión en 1633 (por pensar que «se puede defender y sostener como probable una opinión tras haber sido declarada y definida contraria a las Sagradas Escrituras») y condenado a arresto domiciliario por el resto de su vida, además de ordenarle renunciar públicamente al copernicanismo. Aunque Galileo, como buen católico, acató la sentencia, se dice que tras escuchar la sentencia murmuró «Eppur si muove» (que en italiano significa «Y aun así, se mueve»), en referencia a nuestro planeta y su movimiento alrededor del Sol.
Mucho tiempo después, en el año 1992, el entonces papa Juan Pablo II reconoció finalmente que la condena a Galileo había sido un error.
El caso de la Unión Civil
Del proyecto de la unión civil ya hablé largo y tendido en un artículo anterior, por lo que aquí solo haré un resumen: El proyecto de Unión Civil no matrimonial para personas del mismo sexo fue presentado por el congresista Carlos Bruce hace ya más de un año, buscando reconocer determinados derechos de las parejas homosexuales como el de formar sociedad de gananciales, heredar a sus parejas en caso de muerte o acceder a programas de ayuda social del Estado, beneficios a los que por ahora solo acceden las parejas heterosexuales.
Como era de esperarse, se generaron reacciones de todo tipo alrededor de esta iniciativa. Colectivos como Unión Civil Ya y otros que velan por los derechos de los LGBTIQ saludaron la iniciativa y apoyaron públicamente al proyecto de Carlos Bruce. El proyecto de ley contó incluso con el apoyo de entidades del Estado como el Ministerio de Justicia, el Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación y la Defensoría del Pueblo, además de organizaciones pro derechos humanos como Amnistía Internacional y el Sistema de las Naciones Unidas.
Y también hubo quienes se oponían al citado proyecto por diversas razones, entre prejuicios, desinformación y creencias religiosas. Se afirma por ejemplo que la unión civil destruirá el concepto de familia, que el matrimonio solo debe ser entre el varón y la mujer, que confundiremos a los niños cuando vean a dos varones o dos mujeres besándose, que Dios no aprueba la homosexualidad y cosas por el estilo. Un caso que particularmente causó controversia fue el mensaje presuntamente homofóbico en un panel publicitario de una conocida comunidad religiosa (una cita bíblica del libro de Levítico que dice «No te echarás con varón como con mujer, es abominación») que terminó siendo retirado.
La decisión final quedaba en manos del Congreso de la República. Como todo proyecto de Ley, debe ser debatido en el Congreso, exponiendo los argumentos respectivos para apoyar u oponerse al proyecto, proponer cambios o alternativas y finalmente pasar a votación para determinar si el proyecto se aprueba o rechaza. La sesión en el Congreso se esperaba que fuera el año pasado, pero por diversos motivos (cuya validez es cuestionable) se fue postergando hasta ayer, 10 de marzo del 2015. El final, ya todos lo conocemos: el proyecto de unión civil fue archivado por la comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso por mayoría de votos (4 a favor del proyecto, 7 en contra y 2 abstenciones) y tras un debate de casi 4 horas. Congresistas que votaron en contra de la unión civil como Julio Rosas y Carlos Tubino declararon que «defendimos a la familia natural». Por el lado mediático, sonaron mucho las declaraciones del monseñor Luis Bambarén que usó la palabra «maricón» para referirse a Carlos Bruce (aunque luego pidió perdón por ello).
¿Cómo se conectan?
Haciendo repasado entonces ambos acontecimientos, haré un paralelo entre ellos para encontrar puntos en común:
- Tanto Galileo como Bruce han presentado ideas (uno en lo científico, el otro en lo legal) que han supuesto una revolución en sus respectivas sociedades (uno cambiando lo que se pensaba hasta entonces en materia de astronomía, el otro proponiendo una ley que reivindica derechos a una minoría postergada y maltratada).
- Ambas propuestas han encontrado una férrea oposición por parte de la religión dominante en sus respectivas épocas.
- Siguiendo con el punto anterior, un argumento común para oponerse a ambas propuestas ha sido siempre el «romper con el orden natural de las cosas» (la Tierra como centro del universo en un caso, la familia tradicional (o «natural») y la unión solo entre varón y mujer en el otro) y «estar en contraposición a lo escrito en la Biblia».
- En ambos casos, la postura de esta resistencia religiosa ha sido de manera represiva. Este punto es algo más sutil que los anteriores: En la época de Galileo, la Iglesia ha sido mucho más autoritaria que hoy en día. Hoy la postura de la Iglesia es un poco más flexible (y por ello hoy en día ya no tenemos cosas tan espeluznantes como la Santa Inquisición), sin embargo algunos religiosos parecen no haberse dado cuenta y buscan imponer su fe sobre los demás o que las leyes (que deben ser para todos los peruanos por igual) se ajusten a las creencias de la religión dominante.
Entonces, ¿la religión tiene la culpa de todo?
Claro que no. Si en este artículo hago hincapié en el tema religioso, es solo para explicar el por qué la caricatura de Galileo. Debería darse por sobrentendido esto, pero apuesto que si no lo aclaro, mínimo una persona me criticará por ello.
Si bien el rechazo a la unión civil viene mayoritariamente de grupos conservadores y religiosos, ha habido otros factores que llevan a muchos a estar en contra del proyecto: Los prejuicios, la falta de información sobre los alcances reales del proyecto y la imagen negativa que de por sí muchos se han formado de la comunidad homosexual en general han jugado su papel. Muestra de ello son los comentarios que han aparecido (y siguen apareciendo en las redes sociales) opinando sobre el resultado del debate de ayer. Muchos están satisfechos con el archivamiento del proyecto, lo cual puede ser aceptable, lo malo es que algunos aprovechan para promover el discurso incendiario contra los LGBTI y «opinar» a base de burlas e insultos, o justificar lo ocurrido en base a citas bíblicas y textos sagrados como si su fe fuera la nuestra y la de todos los peruanos.
Opinar, debatir e imponer
Todos tenemos derecho a opinar y a decir lo que pensamos. Nadie tiene por qué ser juzgado ni perseguido por expresar lo que piensa.
El debate y el intercambio constructivo de ideas debe ser siempre bienvenido. Si mi opinión está errada, pues yo feliz si viene alguien y me demuestra que estoy equivocado. Pero siempre con argumentos sólidos. Decir «me opongo a esto porque no me parece, ¿y qué? es mi opinión» no basta. Si algo te parece malo (o bueno) pues adelante, pero si quieres ser tomado en serio al menos dinos por qué está mal (o bien). Nadie es dueño de la verdad absoluta. Y por eso confrontar diferentes puntos de vista es bueno.
Lo que sí no es bueno es caer en el trolleo, la burla y el insulto barato. Comentar por ejemplo la noticia de Ricardo Morán declarando su homosexualidad en apoyo a la unión civil (y de paso metiéndole su «chiquita» a nuestros congresistas) escribiendo «entre maricas se entienden» o publicar memes que aprovechan la noticia para trollear a tu rival futbolero (y no son ejemplos inventados) no tiene nada que ver con la libre opinión, así creas que es una broma. Del mismo modo, si prefieres mantenerte al margen de todo esté lío es tu decisión, pero si para ello publicas un comentario de tipo «ya no jodan con tanta mariconada» (resumido de otro ejemplo real), caes en el mismo error.
Y ojo que de este último error tampoco se salvan algunos que se manifiestan públicamente a favor de la unión civil. Me ha tocado leer comentarios de gente que, aprovechando el cargamontón contra los religiosos, acaban metiendo a la discusión temas que no vienen al caso. Por eso, así como no es válido afirmar que todos los homosexuales son escandalosos, tampoco lo es afirmar que todos los sacerdotes son pedófilos (por poner un ejemplo), y menos usar dicho acontecimiento (que no deja de ser algo despreciable a todas luces) como respaldo para dar tu opinión en base a atacar al otro.
Conclusión
Comparar lo ocurrido a Galileo Galilei con el rechazo a la unión civil me pareció atinado. Y es un hecho de que no soy el único que entendió el mensaje: Por algo al dibujante se le ocurrió esta idea (porque, por si no se han dado cuenta, el dibujo no lo hice yo), y por algo tampoco fui el único en difundir dicha imagen (aunque la verdad no sé si el caricaturista habrá tenido las mismas razones que yo). Aunque afortunadamente la Iglesia de hoy no es como en el medioevo, lo triste de todo es que hay personas (y peor aún, algunos de nuestros «padrastros» de la patria) que siguen pensando y actuando como si viviéramos en dicha época. Supongo que ahora entenderán por qué llamarlos «retrógrados» no es un insulto.
Pero la religión como tal no es el problema. No olvidemos que la libertad de culto es un derecho constitucional. Si eres religioso, tienes todo el derecho de practicar tu religión, de publicar todas las citas bíblicas que quieras en Facebook, de proclamar el nombre de Dios (o de cualquier deidad en la que creas) y alabarlo. pero eso no te da el derecho (y lo digo una vez más) a usar la religión para algo que termine afectando (y mucho menos perjudicando) a gente que no necesariamente piensa igual que tú o que no tiene las mismas creencias que tú. Eso es imposición. Pero no es culpa de la religión como tal, sino de algunas personas que o la malinterpretan (o la interpretan a su manera) o simplemente quieren que todos pensemos y actuemos igual que ellos (y si no lo haces estás mal y arderás en el Infierno). Tengo amigos religiosos, los respeto y los quiero mucho. Yo mismo he estado metido en una comunidad religiosa hace ya varios años. El tema aquí no es menospreciar a los creyentes ni echarles la culpa de todo. El tema es que debemos entender que aquí ninguna Iglesia tiene por qué interferir en cuestiones legales ni mucho menos imponer su pensamiento por sobre los de otros. No vivimos en una teocracia. El Perú es un estado laico, y por tanto las leyes peruanas no pueden ni deben estar condicionadas a un credo en particular, así sea el mayoritario en nuestro país.
Imagen de portada: Caricatura de Andrés Edery, publicada en diario El Comercio (2014-04-23)
