Juego de la tuerca casero en una fiesta infantil

Y ahora, ¿a quién culpamos?

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Hay ciertos tipos de noticias que pueden sorprender al inicio, pero que luego se hacen tan frecuentes que ya ni sorprenden. Y esta última semana leí una de ese tipo: En Huánuco, una niña de 8 años quedó gravemente herida a causa de un juguete que simulaba un concurso de un conocido comercial de televisión. Al poco tiempo, diversas voces de protesta y posts en redes sociales aparecieron condenando al juguete de marras y, de paso, al polémico programa de televisión y, de paso, a otros de su tipo. ¿Pero quién tuvo realmente la culpa en este caso?

Revisemos primero al juguete que hirió a la niña. Si has visto alguna vez Esto es guerra, aunque sea por curiosidad, debes conocer ese juego en donde dos concursantes deben hacer girar una especie de tuerca (o «tornillo mariposa») enroscada a una varilla fija hasta que uno de ellos logre desenroscarla completamente. Pues bien, el juego se hizo tan popular que pronto los vendedores ya estaban vendiendo la versión casera de dicho juego. El artilugio es bastante simple: Una tuerca de metal, una varilla del mismo material donde va enroscada la tuerca, y una base cuadrada plana para fijar la varilla en posición vertical (y decorada con imágenes del programa, para llamar la atención).

Juego de la tuerca casero (detalle)

Versión casera del juego de la tuerca (Foto: RPP Noticias)

He tenido oportunidad de ver estos juguetes de cerca, que por cierto se han vuelto muy populares, al punto que lo usan hasta en fiestas infantiles (yo estuve en una donde la animadora de turno usó este aparato como parte de su show al tiempo que soltaba frases como «Y seguimos en esta linda fiesta y con los juegos de Esto es guerra…»). Viendo bien el dichoso juguete he comprobado que, por la forma cómo están hechos, son realmente un peligro para los niños si no son utilizados adecuadamente. Lo que más resalta es el extremo libre de la varilla que, hasta donde he podido ver, está cortado de forma recta y simple. Este extremo tampoco tiene protección alguna. Y eso es justamente el cuestionamiento que se hace en la noticia.

¿Y qué dicen los comerciantes que venden este juego cuando se les advierte del peligro de la varilla? la respuesta no puede ser más desfachatada: «Bueno, se lima la punta y asunto arreglado». ¿Perdón? ¿Asunto arreglado? Sí claro, es fácil decirlo tanto ya hay una niña lastimada por no «arreglar el asunto» en su debido momento. ¿Y por qué no protegieron la punta de la varilla antes de lanzar esa cosa al mercado? ¿Por qué rayos siempre tenemos que esperar a que pase algo trágico para recién tomar medidas? ¿Tan difícil es para algunos de nosotros hacer bien las cosas desde un principio?

Pero esperen, que aquí no termina la cosa. Porque claro, fácil es echarle toda la culpa a los vendedores de tales artilugios, o a sus fabricantes. ¿Son ellos responsables? Claro que sí. ¿Son ellos los únicos responsables? Claro que no.

Para comenzar, la mamá de la niña ha declarado que fue su esposo quien le compró este juego a la niña. Ahora, existe algo que al parecer no todos sabemos utilizar, y se llama sentido común. Cuando yo era niño, mi papá era lo suficientemente precavido como para negarse a comprarme ciertas cosas que yo le pedía porque me decía que eran peligrosas (recuerdo por ejemplo unos carritos de juguete que estaban hechos de hojalata y que mi papá jamás me compró porque me decía que podía cortarme con ellos, por lo que cuando me compraba un carrito era siempre uno de plástico). Y estoy seguro que si este juego hubiera existido en mi niñez, tampoco me lo hubiese comprado por la misma razón. ¿En qué habría pensado el papá de la niña al comprarle este aparato? ¿Habrá pensado que «a ella no le pasaría nada», como pensamos mala mente muchos de nosotros antes de cometer alguna imprudencia (como cruzar corriendo un autopista con el semáforo en rojo o manejar estando ebrio)? ¿Habrá pensado más en comprarle a su hija el juguete de moda de su programa favorito sin pensar si dicho juguete era seguro o no? Solo él sabe las respuestas.

Por otro tenemos a la gente del propio programa Esto es guerra, con los conductores como caras visibles del mismo. Al margen de la buena o mala opinión que podamos tener de este tipo de programas (que de todos modos creo que no viene al caso), ¿son ellos también responsables? Directamente diría que no, porque el equipo que realiza el programa ni fabrica ni vende tales productos. Son otros comerciantes que, para variar, se aprovechan de la popularidad de un programa de televisión para llenar sus propios bolsillos (ni siquiera los de los realizadores del programa) y sin ningún tipo de autorización de por medio, y mucho menos con las medidas y advertencias de seguridad adecuadas (como edad mínima recomendada, precauciones o recomendaciones de uso). Una vez más, la informalidad, «viveza» y la «criollada» que caracteriza a ciertos malos peruanos hace de las suyas poniendo el lucro por encima de todo.

Como hemos visto, en un caso aparentemente simple como este hay varios ángulos que examinar, y varios responsables también. Es cierto que los niños suelen imitar lo que sus personajes (o concursantes en este caso) favoritos hacen, y que por eso toda actividad que conlleve un riesgo viene siempre acompañada de una advertencia previa (hasta un programa tan absurdo como 1000 maneras de morir no comienza sin antes advertir a los televidentes que «no intenten hacer nada de lo que aquí se muestra… o morirán»). No he visto nunca un programa completo de Esto es guerra, por lo que no sé si cumplen o no con mostrar tales advertencias (si alguien lo sabe, que me lo diga). Pero aun si faltase tal advertencia (que no me sorprendería, dada la informalidad y la cultura del «no me va a pasar nada» casi endémicas en la que se mueve nuestra sociedad), ¿dónde queda el sentido común? A una niña de 8 años quizá no se la pueda culpar del accidente, ¿pero qué hay de sus padres, y principalmente del padre que compró ese juego? ¿dónde queda su responsabilidad como padres para ver por la seguridad de su hija y orientarle sobre lo que puede y no puede hacer?

Ahora el Ministerio de Salud ha salido al frente pedir a las autoridades que retiren el dichoso juego, mientras que la Gerente de Fiscalización de la Municipalidad de Lima exhorta a los padres de familia a no comprar este tipo de aparatos. Pero lo más probable es que tarde o temprano algún mal comerciante sacará al mercado algo peor, y tarde o temprano algún imprudente lo comprará, y tarde o temprano algún otro igual de imprudente saldrá herido (o algo peor). Y nuevamente pediremos que rueden cabezas. ¿Seremos acaso tan tontos para seguir cayendo en lo mismo una y otra vez? Me gustaría decir que no, pero viendo por ejemplo cómo año tras año se repiten, por ejemplo, los mismos accidentes de siempre por el mal uso de juegos pirotécnicos, mi respuesta como que pierde algo optimismo. Espero que tal optimismo no desaparezca por completo.

Foto de cabecera: Perú.21

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