El cuidado de mamá
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- Autor: Danilo
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Una de las desventajas de haber trabajado en la zona de Huachipa es que, al menos en los alrededores de la empresa donde trabajaba, había pocas veredas. Por ello, cada vez que salía a almorzar, tenía que atravesar un terreno de tierra, con vehículos levantando polvo al pasar y donde la tierra se hacía barro cuando llovía. Y esto era especialmente incómodo en verano a la hora del almuerzo, donde el calor y la larga caminata para almorzar (ida y vuelta) me sacaba ampollas en los pies, y peor aún cuando había que correr para evitar un feo descuento por tardanza (sí, podía elegir un lugar más cercano y caminar menos, pero a veces me gusta dar la contra xD). Fue en una de esas en que, de tantas ampollas y heridas, pasé al menos unos 4 días sin poder siquiera caminar bien (y aun así tenía que ir a trabajar, so pena de plantarme un descuento más feo por inasistencia).
Ya desde el primero de esos 4 días me costaba bastante caminar. Y cuando mi mamá me vio así, evidentemente se preocupó. Después de la cena, me preparó un baño de pies con agua caliente y sacó del botiquín un ungüento, algodón y curitas. Supuse que me lo dejaría todo preparado para lavarme yo, pero en lugar de eso ella misma me lavó los pies, curó mis heridas y me puso las curitas, intercalando consejos para cuidar mejor mis pies. Y fue para mí una sensación rara, pero a la vez reconfortante. Y no solo por el alivio que sintieron mis pies, sino también porque me di cuenta de la suerte que tengo por tener aún conmigo a una mamá que no se hace problemas para curar las heridas de un hijo adolorido, aunque este hijo ya tenga casi 40 años a cuestas y ella tenga que levantarse tempranito al día siguiente para ir a trabajar.
Y mientras me acostaba, recordé otros casos en los que mi mamá tuvo el mismo cuidado y abnegación conmigo. Uno de los que más sustos le dio fue cuando, en mi época de universidad, llegué una tarde a casa con la cabeza ensangrentada, por una fina cortesía de un par de asaltantes que me golpearon la cabeza con una piedra. Con ayuda de una vecina me llevaron al médico y me hicieron exámenes, descartando una lesión grave a la cabeza. Al final solo se trató de una herida «escandalosa» (en palabras de la enfermera), mucha sangre pero apenas una lesión mínima. Pero igual ella se preocupó, me abrazó cuando llegué a la casa y dejó todo lo que estaba haciendo para llevarme corriendo al médico.
Porque no importa cuántos años tengamos, o si ya podemos valernos por nuestra cuenta. Una buena mamá siempre estará allí para nosotros cuando tengamos un problema. Y uno debe aprovechar y ser agradecidos con nuestra mamá mientras la tengamos a nuestro lado, porque el día que ella ya no esté, ahí vamos a extrañarla, junto con todo su cuidado y su amor de madre.
Foto de portada: Taller sobre el cuidado de los pies (captura de pantalla de video de YouTube)
