Viajando en el Metropolitano

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Viajo en él todos casi siempre que necesito trasladarme a algún lado, al igual que muchos de nosotros. Con ventajas y problemas, el Metropolitano supuso un cambio en nuestros hábitos de uso del transporte público en una ciudad tan caótica e informal como la nuestra. ¿Pero qué tan bueno es? ¿O qué tan malo es? Dejando de lado las estadísticas favorables de la Municipalidad de Lima o las quejas incendiarias (aunque muchas veces justificadas) de algunos usuarios en redes sociales, este artículo es mi perspectiva personal sobre este servicio.

Haciendo un poco de historia, el Metropolitano vio la luz de la mano del hoy reelecto alcalde Luis Castañeda, con la idea de unir Comas con Chorrillos en un viaje que no debía demorar más de una hora (en lugar de las dos horas y media que me tomaba antes un viaje así en dos carros). El proyecto, sin embargo, no abarcó todo lo prometido (llega hasta Chorrillos pero no hasta Comas). También se dijo que el proyecto costó más (bastante más) de lo planificado, o sea que encima que recortó su recorrido salió más caro… En fin, eso ya es otro tema.

Y como últimamente el community manager de la página del Metropolitano en Facebook anda bastante activo publicando imágenes «bonitas» y afectuosos saludos, pues se me ocurrió describir mi experiencia «tal cual» como usuario regular del servicio.

Iba a escribir una reseña más o menos detallada de lo que significa usar el servicio, pero el artículo se hacía interminable. Por eso, para no aburrirlos, haré una lista de los puntos buenos y malos del servicio, todo a partir de experiencias reales en su mayoría, agrehando algunos reportes de otros usuarios.

Lo bueno:

  • Los buses son amplios y se ven limpios. El espacio para las personas sentadas es el adecuado. Todos funcionan a gas (lo cual los hace amigables con el medio ambiente) y la mayoría tiene espacios especiales para sillas de ruedas. Las puertas tienen alarmas que advierten cuando se cierran o se abren (claro que nunca falta un vivaracho que haga caso omiso a la advertencia, pero eso ya no es culpa del servicio).
  • Los buses troncales van por un carril exclusivo por el cual no transita ningún otro vehículo más (a excepción de vehículos de emergencia cuando tienen que atender alguna emergencia, valga la redundancia). Con ello se ahorran el tráfico pesado de las calles limeñas y permiten (la mayoría de las veces) viajes largos en menos tiempo.
  • Todos los buses tienen paraderos debidamente señalizados, y los buses del Metropolitano (en la inmensa mayoría de casos) paran y se estacionan correctamente en sus paraderos respectivos. Se acabó eso de recoger pasajeros en cualquier lado, hacerlos bajar en sitios peligrosos, y también eso de «baja cruzando» o «bajo pasando el arbolito, ahí frente a la puerta de mi casa me dejas». Nada de subir al bus estando en marcha ni toparse con un chofer apurado o un cobrador maleducado.
  • Todas las rutas y paradedor aparecen publicadas en las estaciones, en la página web y en la aplicación móvil.
  • Los buses pasan con relativa frecuencia. La publicidad del metropolitano dice que pasa un bus cada 4-5 minutos, pero según mis propias mediciones el promedio está entre 7 y 10 minutos, lo cual no me parece tan malo.
  • Las tarjetas inteligentes son un buen medio de pago. Solo pones la tarjeta frente al lector que hay en cada bus o en cada estación y listo. Las tarjetas son recargables no solo en las estaciones mismas (taquillas y máquinas de recarga), sino también en otros puntos como bodegas otros locales autorizados.

Lo malo:

  • Se dijo que el servicio uniría Comas con Chorrillos. Lo real es que sí llega hasta Chorrillos, pero no hasta Comas (claro, tenemos alimentadores que sí llegan hasta Comas, pero ello nos hace perder tiempo en tomar 2 buses y es más incómodo).
  • En horas punta el servicio colapsa, sobre todo en las primeras horas de la mañana:
    • En horas punta los alimentadores pasan totalmente llenos, por lo que algunos simplemente se pasan de largo el paradero sin recoger a nadie, o bien se detienen pero solo abriendo la puerta posterior (de bajada). ¿Qué nos queda? Una de dos: O esperamos a que avance la hora y lleguen buses más vacíos (y arriesgarnos a llegar tarde a nuestro centro de trabajo) o tomar un taxi que nos lleve a la estación. A esas horas los taxistas hacen buen negocio llevando grupos de sufridos pasajeros a la estación de Naranjal a modo de colectivo. Sí, es informal y nos sale más caro, pero a veces no hay opción.
    • El desorden se vuelve casi total en las estaciones centrales. Colas inmensas, orientadores desorientados, gente pugnando entrar a los buses aunque sea a empujones.
    • La frecuencia de los buses también se ve afectada. En casos extremos uno puede esperar bastante por un bus (el máximo que me ha tocado esperar ha sido 45 minutos, medidos con reloj, pero otros usuarios reportan retrasos de hasta 1 hora).
    • A veces, con el fin de compensar retrasos, los choferes se saltan paraderos.
  • Los alimentadores no tienen carril exclusivo, por lo que tienen que comerse el caótico tráfico de toda la vida.
  • A veces, por alguna razón inexplicable, los buses troncales paran en las estaciones que les corresponde pero en una puerta de embarque que no les corresponde. Por ejemplo, en la estación Benavides el bus regular B debe parar en el embarque 2 (y así está señalado en las mismas puertas de embarque), pero por alguna razón, antes de las 9:30 de la noche todos los buses regulares B paran en el embarque 1 (con lo que se inicia una correteadera de la gente que hace cola en el embarque 2 hasta el 1). %Recién pasada las 9:30 de la noche los buses comienzan a parar en su embarque correcto.
  • Las tarjetas inteligentes son frágiles. Una pequeña rajadura las puede volver inútiles, aun teniendo saldo por consumir. Es posible recuperar el saldo de una tarjeta dañada, pero se requiere ir hasta la Estación central para ello. las tarjetas son recargables, pero no tenemos forma de ver cuánto saldo tenemos en la tarjeta hasta que intentemos usarla o recargarla.
  • Las máquinas de recarga de tarjetas no dan vuelto. Digo, si hasta la máquina vendedora de golosinas que hay en SENATI es tan moderna que me da vuelto cuando pago demás, ¿por qué no pudieron conseguir para el Metropolitano máquinas de recarga de tarjetas que hagan lo mismo?

Entonces, ¿conviene o no usar el Metropolitano? A mí particularmente me gusta el servicio, aun con sus fallas. Tiene cosas que mejorar, pero de cualquier modo es mejor que las custers, combis y buses destartalados que aún circulan por nuestras pistas y que piden a gritos un recambio.

Imagen de cabecera: Logo del Metropolitano del «diseñador solidario»

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